jueves, 30 de julio de 2009

Los Fariseos, Saduceos y Zelotes.

Los Fariseos.

Parece que recibieron nombre como un apodo sarcástico derivado del vocablo hebreo “perusin” (separados). Formaban la secta más grande y de mayor influencia en la época del Nuevo Testamento, y solo ellos sobrevivieron como secta a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Basaban su doctrina en todos los libros del Antiguo Testamento y creían en la existencia de espíritus buenos y malos, la inmortalidad del alma y la resurrección corporal.

A pesar de todo esto, los fariseos atribuían gran importancia a la ley oral, y se deleitaban en obedecer sus innumerables reglas. Al respecto dice Hugger: “Eran separatistas, rígidos y legalistas en sus consignas relativas a la oración, el arrepentimiento y las dádivas caritativas”. Cumplían la letra de la Ley, pero a menudo violaban su espíritu y carecían de justicia, misericordia y fe verdaderas (véase Mt. 23). La mayoría de los escribas pertenecían a este partido. No todos los fariseos eran hipócritas, pues se encontraban en sus filas hombres como Nicodemo, José de Arimatea y Saulo de Tarso. Los fariseos no se metían en la política y se acomodaban al dominio romano.

Los Saduceos.

Según la tradición los saduceos tomaron su nombre de Sadoc, sumo sacerdote durante la época de Salomón y David. Eran menos numerosos que los fariseos, pero ejercían el poder político bajo el gobierno de la dinastía de los Herodes. Eran en su mayoría parte de los aristócratas de Jerusalén, y los terratenientes acaudalados. En cuanto a sus doctrinas, solo aceptaban los cinco libros de Moisés y rechazaban la ley oral que apoyaban los fariseos. Puesto que eran racionalistas, negaban las doctrinas de la inmortalidad del alma, de la resurrección y de la existencia de ángeles y demonios. Su religión era poco más que una ética fría. Fue un sumo sacerdote saduceo quien condeno a Jesús, y los saduceos fueron los primeros en perseguir a la Iglesia primitiva.

Los miembros de esta secta estaban abiertos a la cultura helenística y eran oportunistas, por lo que se aliaban a la fracción dominante para mantener su prestigio e influencia. Se sentían satisfechos con el status quo y deseosos de confraternizar con los romanos. Como se dedicaban mayormente a la interpretación de las leyes rituales referentes al culto, perdieron su razón de ser cuando los romanos destruyeron el templo en el año 70 d.C. Así fue como dejo de existir esta secta religiosa.

Los Zelotes.

Estos constituían un grupo político más que una secta religiosa. Querían libera Palestina por las armas. Este partido revolucionario persuadió finalmente a los judíos a sublevarse contra los romanos, lo cual tuvo como consecuencia final la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Simón, uno de los discípulos de Jesús, pertenecía a esta partido.

LOS FARISEOS

El nombre “fariseo” aparece primeramente en el contexto de los primeros reyes sacerdotes asmoneos. La palabra “fariseo” significa separado.
Los fariseos y saduceos aparecen como partidos distintos en la última mitad del siglo II a.C., aunque representan tendencias que se pueden seguir mucho más atrás en la historia del judaísmo, tendencias que se acentuaron después del retorno de Babilonia (537 a.C.). Los progenitores inmediatos de los dos partidos fueron, respectivamente, los jasideos y los helenistas; los últimos, antecesores de los saduceos, tenían la intención de eliminar la estrechez del judaísmo, y participar en las ventajas de la vida y cultura griegas. Los jasideos, una transliteración del término hebreo jasidim, esto es, los piadosos, eran un grupo de hombres celosos de la religión, que actuaban bajo la conducción de los escribas, en oposición al impío partido helenizante; se refrenaron de oponerse al legítimo sumo sacerdote incluso cuando este se puso de parte de los helenistas. Así, los helenizantes eran una secta política, en tanto que los jasideos, cuyo principio fundamental era una separación completa de los elementos no judíos, eran el partido estrictamente legal entre los judíos, y llegaron finalmente a ser el partido más popular e influyente. En su celo por la ley casi llegaron a deificarla, y su actitud se tornó meramente externa, formal y mecánica. Ponían el énfasis no en la rectitud de la acción, sino en su corrección formal. Como consecuencia, fue inevitable su oposición a Cristo; su manera de vivir y su enseñanza.

Sufrieron grandemente bajo Antípater y Herodes (Josefo, Guerras de los judíos 1. 647–655), y evidentemente comprendieron que no se puede lograr fines espirituales mediante medios políticos, porque después de la muerte de Herodes algunos de ellos piden un gobierno romano directo. Por la misma razón la mayoría de ellos se opuso a la rebelión contra Roma (66–70 después de Cristo). En consecuencia, Vespasiano favoreció a Yohanán ben Zakkai, uno de los líderes de ellos, y le permitió establecer una escuela rabínica en Jamnia (Yavneh). Para entonces las controversias entre el partido del riguroso Shammai y el del más liberal Hillel habían terminado en un acuerdo, los saduceos habían desaparecido, y los zelotes estaban desacreditados—después de la derrota de Barcoquebá en 135 después de Cristo ellos también desaparecieron de modo que los fariseos se convirtieron en los líderes incuestionados de los judíos. Para el año 200 después de Cristo judaísmo y fariseísmo constituían términos sinónimos.

Para la concepción farisaica de la religión resultaba básica la creencia de que el exilio babilónico tuvo su origen en el hecho de que Israel no guardó la Tora (la ley mosaica), y guardarla constituía una obligación individual como también nacional. Pero la Torá no era simplemente “ley” sino también “instrucción”, es decir consistía no sólo en mandamientos fijos sino que se adaptaba a las condiciones cambiantes, y de ella podía inferirse la voluntad de Dios para situaciones no mencionadas expresamente. Esta adaptación o inferencia era la tarea de quienes habían hecho un estudio especial de la Torá. Y la decisión de la mayoría debía ser acatada por todos; una de las primeras tareas de los escribas fue la de determinar el contenido de la Torá escrita. Establecieron que contenía 613 mandamientos, 248 positivos, 365 negativos. El paso siguiente consistió en “poner una cerca” alrededor de ellos, es decir interpretarlos y complementarlos de tal modo que se eliminara la posibilidad de quebrantarlos por error o por ignorancia. El ejemplo más conocido lo constituyen las frecuentemente citadas treinta y nueve especies principales de actos prohibidos en el día de reposo. Los fariseos estaban convencidos de que tenían la recta interpretación de la Torá, y sostenían que esta “tradición de los ancianos” (Mr. 7.3) provenía de Moisés en el Sinaí.
La reprobación de que fueron objeto por parte de nuestro Señor (Hipócrita) tiene que interpretarse a la luz del hecho indudable de que éticamente ocupaban una posición más elevada que la mayoría de sus contemporáneos. El lugar destacado que los fariseos asignaban al diezmo, y su negativa a comprar comestibles a los no fariseos, o a comer en sus casas, por temor a que la comida no hubiese sido diezmada, como ocurría con frecuencia, se debía a las muy pesadas cargas creadas por los diezmos, agregados al régimen impositivo introducido por los asmoneos, los herodianos, o los romanos. Para el fariseo diezmar plenamente constituía una marca de lealtad a Dios.
Los fariseos defendían la doctrina de la predestinación, que estimaban compatible con el libre albedrío. Creían en la inmortalidad del alma, en la resurrección corporal, en la existencia de los espíritus, en las recompensas y en los castigos en el mundo de ultratumba. Pensaban que las almas de los malvados quedaban apresadas debajo de la tierra, en tanto que las de los justos revivirían en cuerpos nuevos Hechos 23:8.Estas doctrinas distinguían a los fariseos de los saduceos, pero no constituían en absoluto la esencia de su sistema. Centraban la religión en la observancia de la Ley, enseñando que Dios solamente otorga su gracia a aquellos que se ajustan a sus preceptos. De esta manera, la piedad se hizo formalista, dándose menos importancia a la actitud del corazón que al acto exterior. La interpretación de la Ley y su aplicación a todos los detalles de la vida cotidiana tomaron una gran importancia. Los comentarios de los doctores judíos acabaron formando un verdadero código autorizado. Josefo, él mismo un fariseo, dijo que los escribas no se contentaban con interpretar la Ley con más sutilidad que las otras sectas sino que además imponían sobre el pueblo una masa de preceptos recogidos de la tradición, y que no figuraban en la Ley de Moisés.
Jesús declara que estas interpretaciones rabínicas tradicionales no tienen ninguna fuerza (Mt. 15:2-6). Los primeros fariseos expuestos a la persecución se distinguían por su integridad y valor, eran la élite de la nación. El nivel moral y espiritual de sus sucesores descendió. Los puntos débiles de su sistema se hicieron hegemónicos y les atrajeron duras críticas. Juan el Bautista llamó a los fariseos y a los saduceos «raza de víboras». Jesús denunció su orgullo, hipocresía y su negligencia de los elementos esenciales de la ley, en tanto que daban la mayor importancia a puntos subordinados (Mt. 5:20; 16:6, 11, 12; 23:1-39).En la época de Cristo los fariseos formaban una astuta camarilla que tramó una conspiración contra Él (Mr. 3:6; Jn. 11:47-57). Sin embargo, siempre hubo entre ellos hombres sinceros, como Nicodemo (Jn. 7:46-51). Antes de su conversión, Pablo fue fariseo. Hizo uso de ello en sus discusiones con los judíos (Hch. 23:6; 26:5-7; Fil. 3:5). Gamaliel, que había sido su maestro, era también fariseo (Hch. 5:34).

LOS SADUCEOS

Partido sacerdotal y aristocrático del judaísmo cuyas doctrinas y prácticas eran opuestas a la de los fariseos.

Origen:
Se piensa que el nombre se deriva del sacerdote Sadoc, contemporáneo de David y Salomón (2 S 15.27; 19.11; 1 R 1.8), cuyos descendientes eran considerados como la línea pura (Ez 44.15) y los conservadores del sacerdocio hasta la rebelión de los macabeos. Sin embargo, varias dificultades filológicas e históricas obligan a buscar otra explicación. T.W. Manson propone que la derivación del nombre debería encontrarse en la palabra griega, syndikoi, que significaba “autoridades fiscales” en el estado de Atenas desde el siglo IV a.C. En Israel también los saduceos controlaban los impuestos al principio los saduceos no eran un grupo religioso, pero con el tiempo, para defender sus intereses, apoyaron al sumo sacerdote. Hasta la mitad del siglo I después de Cristo controlaban el sanedrín. Después, al serles quitado el poder secular, primero por los Zelotes y después por los romanos, desaparecieron del judaísmo.

Su Enseñanza

La mayoría de los sacerdotes de los primeros siglos (a.C. y d.C.) pertenecían a esta secta, aunque no todos los saduceos eran sacerdotes. Por lo general constituían un núcleo de personas altamente privilegiadas, por ejemplo, comerciantes ricos y funcionarios gubernamentales. Su actitud hacia las tradiciones de los padres se centró en el mantenimiento del culto en el templo. Su interpretación de la Ley (aceptaban solo el Pentateuco como autoritativo) giraba alrededor de la ley ritual. Su actitud negativa hacia ciertas doctrinas del Antiguo Testamento se debía, en parte, a la tensión entre ellos y los fariseos, quienes las afirmaban. Acerca de su doctrina, Josefo afirma que “los saduceos enseñan que el alma perece con el cuerpo”; “niegan la continuidad del alma después de la muerte”. El Nuevo Testamento es más preciso: señala que los saduceos negaban la resurrección del cuerpo (Hechos 23.8), y también la existencia de mediadores espirituales entre Dios y el hombre (Hechos 23.8). Además, para los saduceos, Dios era casi un “dios ausente” dado que “no puede ni hacer ni prevenir el mal”. En cambio el hombre ejerce su libre albedrío para hacer el bien y el mal. Su ideal político era el estado teocrático encabezado por el sumo sacerdote. Por eso veían con sospecha la esperanza mesiánica que amenazaba con derrotar el orden social y político existente. La mayoría del pueblo común los odiaba porque colaboraban con los romanos y sus reyes, introdujeron y permitieron algunas costumbres que no eran judías y porque se comportaban entre el pueblo con arrogancia.

En El Nuevo Testamento

Varias veces los saduceos se aliaron con los fariseos en oposición a Jesucristo (Marcos 11.18, 27; 14.43; 15.1; Lucas 9.22). Sin embargo, el conflicto de Jesús con los saduceos se agudizó mayormente en la última semana de su ministerio, cuando su popularidad entre el pueblo (Marcos 12.12) parecía amenazar la paz de Jerusalén. En cambio el conflicto entre Jesús y los fariseos, debido a la influencia de estos entre el pueblo común, se advierte desde el principio de su ministerio. Los cristianos culparon a los saduceos y a los fariseos de la muerte de Jesús. Fueron ellos los que más intentaron detener el creciente movimiento de la iglesia primitiva (Hechos 4 y 5; 22.5).
Este grupo religioso de judíos, relativamente pequeño, pero importante, porque muchos de ellos eran “Sumos Sacerdotes”. Creían exclusivamente en la ley, y rechazaban todo tipo de tradición oral; niegan la resurrección, la inmortalidad del alma y el mundo espiritual: (Marcos 12:18, Lucas 20:27, Hechos 23:8).Fueron denunciados por Juan Bautista y por Cristo: (Mateo 3:7, 16:6, 11,12). Ellos se opusieron a Cristo y a su Iglesia: (Hechos 5:17,33). Apoyaron a los Macabeos en su lucha para liberar materialmente a Israel.

Los modales de los saduceos eran bastante groseros, eran descorteses con sus iguales como si estos fuesen extranjeros, y consideraban una virtud disputar con sus maestros. No tenían seguidores entre las masas populares, sino solamente entre los de buena posición económica. Eran más severos en sus juicios que otros judíos. Muchos de los sacerdotes, aunque no todos, eran saduceos; pero casi todos los saduceos parecen haber sido sacerdotes, especialmente de las familias sacerdotales más poderosas. Bajo los primeros asmoneos algunos saduceos desempeñaron cargos en la gerousia (cuerpo de
“ancianos”, “senado”, o “sanedrín”).

La marca religiosa de los saduceos fue su conservadurismo. Negaban la validez permanente de toda ley que no formara parte de los escritos del Pentateuco. Rechazaban las doctrinas tardías del alma y su existencia en el más allá, la resurrección, las recompensas y retribuciones, los ángeles y los demonios. Creían que no existía el destino, que el hombre podía elegir libremente entre el bien y el mal, y que la prosperidad y la adversidad eran resultado de las propias acciones del hombre.

LOS ZELOTES

(griego zeµloµteµs). A uno de los doce apóstoles se le llama Simón el Zelote (Lc. 6.15; Hch. 1.13; ya sea a causa de su temperamento celoso o apasionado o por alguna asociación con el partido de los zelotes (Cananita). Pablo dice de sí mismo que fue celoso en lo religioso (Hch. 22.3; Gá. 1.14), y a los muchos miembros de la iglesia de Jerusalén se los describe como “celosos por la ley” (Hch. 21.20).
El partido de los zelotes, descrito por Josefo como la “cuarta filosofía” entre los judíos. Se les llamaba zelotes porque seguían el ejemplo de Matatías y sus hijos y seguidores, que manifestaron celo por la ley de Dios cuando Antíoco IV intentó suprimir la religión judía (1 Mac. 2.24–27), y el ejemplo de Finees, que evidenció un celo parecido en momentos de apostasía en el desierto (Nm. 25.11; Sal. 106.30.
El movimiento, no mencionado como tal en el Nuevo Testamento, comenzó cuando Judas el galileo encabezó una sublevación contra los romanos en el año 6 después de Cristo (Hch 5.37), considerándose el sucesor espiritual de los macabeos. Cuando aplastaron la sublevación, los zelotes quedaron como el ala extremista de los fariseos, dispuestos a recurrir a las armas antes que pagar tributo.
Los zelotes tomaron parte activa en la gran rebelión de 66–73 después de Cristo en contra de los romanos, siendo los últimos en ser reducidos en su fortaleza de Masada, cerca del mar Muerto, recientemente investigada por los arqueólogos. Simón debe de haber sido miembro del partido antes de acudir a Jesús. El fanatismo de los zelotes contribuyó a desencadenar la guerra entre judíos y romanos.
Los zelotes eran vistos como un partido de patriotas judíos militantes del primer siglo. Su movimiento comenzó con Judas de Galilea en los días de Quirino como una oposición clandestina al poderío romano. Ellos sostenían que la violencia era justificada si libraba a la nación de sus opresores extranjeros. Josefa los describió como fanáticos cuyas extravagantes demandas y destemplada imprudencia se transformaron en

obstáculos para su propia causa.

En doctrina eran muy parecidos a los fariseos a causa de su interpretación nacionalista en extremo del Antiguo Testamento, y en espíritu eran como los macabeos. Su intenso deseo de un reino independiente pudiera, haber llevado a algunos de ellos a buscar la compañía de los discípulos de Jesús. Por lo menos a uno de ellos, Simón, se distingue de Simón Pedro por ser llamado “el zelote” (Lc. 6:15; Hch. 1:13).

Jorge Madrigal Q.

911 Salvación,

Rescatando almas para Cristo.